La advertencia sobre un posible default en Colombia volvió a encender las alarmas en el escenario financiero nacional durante 2026, luego de que el Gobierno alertara sobre la viabilidad de la caja estatal para el próximo año. El vicepresidente José Manuel Restrepo declaró que el país podría verse forzado a suspender pagos si el Congreso no tramita oportunamente el proyecto oficial.
De acuerdo con la administración central, la falta de aprobación de la iniciativa legislativa impediría cumplir oportunamente con compromisos esenciales del Estado. Entre las obligaciones que quedarían en riesgo figuran la remuneración salarial de los trabajadores públicos y el sostenimiento financiero de diversos programas asistenciales indispensables para la población.
¿Qué implicaciones tendría un default en Colombia para la economía?
Un escenario de default en Colombia significaría que el Estado caería en la incapacidad material de atender el servicio de sus pasivos o sus obligaciones internas. Cuando una nación declara una cesación de pagos, las consecuencias impactan de forma directa en su credibilidad externa y en el acceso al crédito internacional.
La administración nacional señaló que el país arrastra un grave desequilibrio entre sus ingresos corrientes y los compromisos de gasto adquiridos. Por esta razón, el ministro de Hacienda, Miguel Gómez, precisó que el faltante que requiere recursos de financiación inmediata se ubica entre $80 billones y $90 billones de pesos. Además, este ajuste exigirá modificaciones dentro del Plan Nacional de Desarrollo.
Frente a esta situación, el Ejecutivo defiende la urgencia de aprobar la Ley de Rescate Económico antes de que culmine el periodo legislativo corriente. Sin este marco legal, el Gobierno argumenta que no existirán los márgenes de maniobra presupuestal requeridos para atender las obligaciones del Estado a partir de 2027.
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Las causas detrás del deterioro fiscal acumulado
El origen de las presiones financieras actuales suscita discrepancias entre analistas y exfuncionarios que examinan las decisiones tomadas durante los mandatos recientes. Diversas voces recuerdan que el problema no surgió de forma repentina, sino que responde a un prolongado deterioro fiscal que comenzó a profundizarse con la crisis sanitaria de 2020.
Durante la gestión de Iván Duque se registró un faltante equivalente al 6,8% del PIB, impulsado por la emergencia y el congelamiento en el precio de los combustibles. Dicha decisión generó una abultada cuenta pendiente en el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles, conocida como FEPC.
Respecto a este punto, el exdirector de Crédito Público José Roberto Acosta explicó que las obligaciones derivadas de los combustibles representaron un costo considerable:
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- El déficit acumulado en 2022 por no ajustar tarifas alcanzó $35 billones de pesos.
- Durante 2023 se realizaron desembolsos por $35 billones de pesos para amortizar la deuda acumulada.
- En 2024 se efectuaron pagos equivalentes a $20 billones de pesos por el mismo concepto.
- Para 2025 los giros destinados a sanear el fondo sumaron $10 billones de pesos adicionales.
En total, la cancelación de ese pasivo demandó $65 billones de pesos en los últimos años, un monto que condicionó los recursos disponibles y acentuó la fragilidad de las cuentas estatales.
El crecimiento del gasto y la deuda pública
A pesar de la carga heredada del subsidio a los combustibles, analistas como el exviceministro de Hacienda Juan Alberto Londoño sostienen que la gestión de Gustavo Petro agravó el desbalance mediante una expansión desmedida del gasto público. Bajo esta óptica, no haber realizado un ajuste oportuno sobre el diésel y la reducción de la inversión privada golpearon fuertemente el recaudo tributario.
Durante dicho periodo, el volumen de la deuda pública se incrementó de forma notable, al pasar de $800 billones a cerca de $1.200 billones de pesos. Este crecimiento, cercano al 50%, multiplicó la carga financiera para el presupuesto general y dejó al país en una situación de alta vulnerabilidad.
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El profesor e investigador Luis Fernando Ramírez rememoró que el endeudamiento aumentó fuertemente desde el préstamo contratado con el Fondo Monetario Internacional por US$5.400 millones mediante la Línea de Crédito Flexible durante la pandemia, obligación que fue cancelada. No obstante, advirtió que la administración de Petro incrementó de manera sostenida los pasivos internos y externos de la nación.
En la actualidad, para cubrir el presupuesto general del próximo ejercicio se calcula que la nación requiere contratar créditos por $250 billones de pesos, mientras que los compromisos de servicio de pasivos se aproximan a $150 billones de pesos.
Presión política y próximos pasos en el Congreso
Las alertas sobre un default en Colombia no son inéditas dentro del debate político reciente. En septiembre de 2024, el Ministerio de Hacienda ya había advertido sobre una posible cesación de pagos si el Legislativo no autorizaba una ampliación del cupo de endeudamiento por US$17.607 millones de dólares.
El debate actual radica en determinar si el riesgo de impago responde a una posibilidad inminente o si constituye una estrategia de presión sobre el Congreso para acelerar el trámite legislativo. La discusión sobre el default en Colombia dependerá de la voluntad de las fuerzas políticas para concertar alternativas antes de finalizar el año legislativo.
Fuente: elcolombiano.com



