Educación en alerta: Colombia retrocede en lectura y matemáticas según las pruebas PISA
El informe de las pruebas PISA confirmó un preocupante estancamiento en la calidad de la educación. El 71 % de los estudiantes no alcanza las competencias mínimas en matemáticas y el rendimiento en lectura sufrió una fuerte caída nacional.
El estado de la educación en el territorio nacional enfrenta uno de sus momentos más críticos tras la publicación de los últimos balances evaluativos internacionales. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) divulgó los diagnósticos consolidados de las pruebas PISA correspondientes a la aplicación 2025, un estudio global que examinó las habilidades de jóvenes de 15 años en 91 naciones. Para Colombia, los números confirmaron una tendencia adversa: el desempeño general permanece estancado, con contracciones evidentes en áreas fundamentales para el aprendizaje como lectura y razonamiento lógico.
El reporte ratifica una marcada distancia respecto a las metas pedagógicas trazadas para las economías en desarrollo. Mientras la media internacional de los miembros de la entidad multilateral se ubica en rangos competitivos, el país promedió puntuaciones que lo relegan frente a sus pares sudamericanos. La caída más alarmante se evidenció en la competencia lectora, donde se obtuvo una media de 399 puntos, cifra inferior a los 409 registrados en 2022 y distante del techo histórico de 425 puntos obtenido en 2015, situándose lejos del promedio de la organización, fijado en 461 puntos.
Brechas de aprendizaje y desplome en competencias básicas
La evaluación arrojó que en matemáticas las deficiencias pedagógicas son profundas. La calificación nacional se ubicó en 381 puntos, descendiendo dos enteros frente al ejercicio anterior y reafirmándose como la asignatura con mayores debilidades. La jefa de investigación del Instituto de Evidencia Educativa, Romina Durán, subrayó la necesidad de centrar esfuerzos en las habilidades de análisis textual: “la lectura retrocede: Colombia comparte así un problema extendido en la región, pero con una caída significativa que merece atención específica”.
Al segmentar la información por niveles de dominio real, el informe revela que más de la mitad del estudiantado evaluado carece de los conocimientos elementales esperados para su edad. En matemáticas, el 71 % de los adolescentes no alcanzó el nivel dos, considerado el umbral básico de competencia. Esto significa que siete de cada diez jóvenes no logran interpretar tablas simples, despejar problemas aritméticos inmediatos ni deducir fórmulas cotidianas, en agudo contraste con el bloque de la OCDE donde solo el 35 % se ubica en ese rango deficiente. De manera similar, en comprensión lectora el 55 % no alcanzó dicho estándar mínimo.
En ciencias se produjo un ligero avance al llegar a 414 unidades, mejorando tres puntos frente a 2022, aunque la mitad de los evaluados continúa por debajo de los conocimientos mínimos de formulación empírica. El analista educativo Francisco Cajiao advirtió que el impacto acumulado de la pandemia golpeó las fases tempranas de lectoescritura de esta cohorte, sumado a la falta de políticas de choque: “hubo muy poca intervención en la mejora de la calidad de la educación básica y media, y esto se siente y, ahora, se evidencia”.
Convivencia escolar y ausentismo en los colegios
El informe técnico examinó los factores contextuales que alteran la asimilación académica dentro de los planteles. En el país, el 20,7 % de los alumnos consultados manifestó haber experimentado intimidaciones, burlas sistemáticas o acoso por parte de sus pares en los últimos meses, superando el promedio de los estados miembros. La difusión de rumores malintencionados representó la modalidad principal con el 13,4 %, seguida por agresiones físicas y la propagación de material agraviante a través de plataformas digitales.
El hostigamiento cibernético mostró una correlación directa con el rezago académico. Las víctimas frecuentes de ciberacoso registraron en promedio 39 puntos menos en las mediciones científicas en comparación con el resto de compañeros. Adicionalmente, el ausentismo en las aulas se elevó por encima de las referencias globales: el 30 % de los escolares reconoció haber faltado a la institución al menos una jornada durante las dos semanas previas al examen, reflejando dificultades emocionales y de desmotivación formativa.
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La discusión sobre la calidad de la enseñanza exige que las secretarías de educación en los distritos y gobernaciones replanteen la formación docente en las áreas de matemáticas y lenguaje. Sin una intervención decidida en la básica primaria, el sistema educativo continuará graduando bachilleres con serias limitaciones para adaptarse a las exigencias tecnológicas de la educación superior y las demandas laborales modernas.



