Bogotá elige su edificio más feo
Edificio más feo de Bogotá: así lo eligió la ciudadanía en el Mundialito del Colectivo Ciudad.
Bogotá ya tiene definido, según la ciudadanía, cuál es su edificio más feo. La elección surgió del “Mundialito de los Edificios Más Feos de Bogotá”, una iniciativa impulsada por el Colectivo Ciudad durante los meses de junio y julio, que buscó llevar a la calle una discusión que, según sus organizadores, no es solo técnica ni estética, sino política: cómo se está construyendo la capital y quién decide sobre ese proceso.
¿Cómo se eligió el edificio más feo de Bogotá?
La dinámica consistió en un ejercicio tipo torneo en el que participaron edificaciones de distintos usos y épocas de la ciudad, seleccionadas a partir de comentarios recogidos tanto en calle como en redes sociales. Según cifras del propio colectivo, la convocatoria alcanzó a más de 216.000 personas, quienes participaron en la selección de los ocho edificios finalistas del ejercicio. Al final del proceso, el edificio Meridiano 30-26, construido por la Constructora Buen Vivir, resultó ganador de esa particular competencia.
De acuerdo con el análisis del colectivo, un edificio suele ser señalado como feo por la ciudadanía cuando cumple con varias características comunes: rompe la escala de la cuadra donde se ubica, como si se tratara de una invasión visual; bloquea la vista hacia los Cerros Orientales; carece de arbolado público y espacios verdes cercanos; utiliza materiales sin relación con la identidad arquitectónica de la ciudad; y genera espacios cerrados al público, con culatas de gran tamaño que le dan la espalda a la vida urbana.
¿Qué dice la ciencia sobre el impacto de la estética urbana?
Más allá de la percepción ciudadana, el ejercicio se apoyó en evidencia proveniente de la neuroarquitectura, un campo que estudia la relación entre los entornos construidos y el bienestar humano. Según explicó el colectivo, distintas investigaciones han encontrado que los entornos sin cuidado estético elevan el estrés, reducen la sensación de seguridad y afectan la salud mental de quienes los habitan cotidianamente. Citaron, entre otros, un estudio de la Universidad de Finlandia Oriental de 2023, que halló correlación entre la felicidad subjetiva y entornos urbanos con variedad arquitectónica, espacios verdes y buena articulación entre lo público y lo privado.
También mencionaron una encuesta de la Knight Foundation realizada en 2020 entre más de 11.000 personas en 26 comunidades de Estados Unidos, que identificó la belleza urbana como uno de los factores más determinantes de la cohesión social, incluso por encima de la seguridad o la oferta educativa. A esto se suma la mirada de la profesora Esther Rico, de ESDESIGN, quien plantea que las personas pasan más del 90% de su tiempo en espacios cerrados, por lo que diseñar entornos que cuiden la salud física y emocional resulta indispensable.
La subjetividad del gusto no cierra el debate
Frente a la objeción de que la belleza es subjetiva, el Colectivo Ciudad recurrió al filósofo Immanuel Kant, quien en la Crítica del Juicio sostiene que “lo bello agrada de manera universal y sin interés directo sobre el objeto”. Según los organizadores, esto no cancela la posibilidad de una conversación pública sobre el tema, sino que la exige, aunque advirtieron que en Bogotá no existe una institucionalidad eficaz que oriente los retos estéticos de lo que se construye en la ciudad.
¿Quién decide realmente cómo se construye Bogotá?
El colectivo cuestionó también quién tiene realmente voz en las decisiones urbanísticas de la ciudad. Señalaron que las determinaciones sobre qué se construye, dónde y con qué materiales quedan en manos del Concejo, la Alcaldía, las curadurías urbanas y, sobre todo, de las constructoras, mientras que el vecino que convivirá a diario con una edificación que le tapa el sol rara vez tiene un lugar en esa conversación. Citaron cifras de la Encuesta de Percepción Ciudadana de Bogotá Cómo Vamos 2025, según la cual el 52,2 % de los bogotanos vive en arriendo o subarriendo, frente a un 34,3 % que tiene vivienda propia, lo que implica que más de la mitad de la ciudad habita espacios sobre los que tiene poca o ninguna capacidad de decisión.
El colectivo también insistió en que construir de forma estéticamente cuidada no necesariamente implica mayores costos, citando como ejemplos el proyecto de vivienda VIS “Suramérica”, en el barrio 20 de Julio, reconocido en la Bienal de Arquitectura, y los “Pasajes Residenciales” del barrio Santa Fe, como muestras de que la construcción sostenible y estéticamente cuidada es posible dentro del mercado actual.
Un llamado a actualizar la institucionalidad urbana
El Colectivo Ciudad remató su análisis con un llamado directo a fortalecer los mecanismos de control urbano en el país. En palabras del propio colectivo, “un plano bien hecho no salva vidas, una obra bien vigilada sí”, en referencia a las lecciones dejadas por el reciente terremoto que afectó al país. Para los organizadores, Bogotá tiene la oportunidad de liderar esa actualización institucional en materia de curadurías urbanas y planeación, en momentos en que el Plan de Ordenamiento Territorial vigente, según señalan, carece de herramientas suficientes para responder a las necesidades reales de la ciudadanía.
Más allá de la anécdota del edificio ganador, el ejercicio del Mundialito busca instalar una pregunta de fondo sobre el modelo de crecimiento urbano de Bogotá y sobre el papel que la ciudadanía debería tener en decisiones que, día a día, determinan cómo se ve, se siente y se habita la ciudad.
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